No extraño a esa persona… extraño la versión de mí que existía cuando estaba con ella.
Hoy reflexionaremos sobre un duelo del que pocas personas hablan: el de perder una versión de nosotros mismos después de una ruptura. Entenderemos por qué a veces creemos extrañar a una persona, cuando en realidad lo que duele es haber dejado atrás una etapa, una ilusión y una forma de ver la vida. Una lectura para ayudarte a reencontrarte contigo y comenzar a sanar desde un lugar más consciente.
Psic. Javier Salas Lezama
7/1/20262 min read


No extraño a esa persona… extraño la versión de mí que existía cuando estaba con ella.
Después de una ruptura es muy común pensar que lo único que queremos es volver con esa persona. La recordamos constantemente, revisamos fotografías, escuchamos canciones que compartíamos y sentimos que nadie más podrá ocupar ese lugar.
Pero con el tiempo, muchas personas descubren algo que cambia por completo la manera de entender su dolor.
No siempre extrañas a la persona.
Muchas veces extrañas quién eras cuando estabas con ella.
Extrañas la ilusión con la que despertabas, las ganas de hacer planes, la tranquilidad que sentías al creer que habías encontrado un lugar seguro. Extrañas la forma en que imaginabas el futuro y la versión de ti que todavía creía que todo iba a salir bien.
Cuando una relación termina, no solo se va alguien importante. También desaparece una parte de nuestra identidad.
A veces el duelo también es por ti
Cuando compartimos mucho tiempo con alguien, una parte de nuestra vida empieza a construirse alrededor de esa relación. Cambian nuestras rutinas, nuestros planes, nuestras prioridades e incluso la forma en la que nos vemos a nosotros mismos.
Por eso, después de una ruptura, muchas personas sienten que ya no saben quiénes son. No solo perdieron una pareja. También perdieron una versión de sí mismas que existía dentro de esa historia. Y ese duelo también necesita ser reconocido.
No todo lo que extrañas pertenece al presente
Es fácil idealizar el pasado cuando estamos sufriendo. Recordamos los momentos felices, las risas, los viajes o las conversaciones que nos hacían sentir en paz. Pero pocas veces recordamos las discusiones, las decepciones o todo aquello que nos llevó al final de la relación.
Nuestra mente suele refugiarse en los recuerdos que menos duelen. Por eso es importante preguntarte con honestidad: ¿Extraño realmente a esa persona? ¿O extraño cómo me sentía cuando todavía creía que esa relación tenía futuro?
Responder esta pregunta puede ayudarte a entender que el vacío no siempre tiene el mismo origen que imaginas.
Volver a encontrarte contigo
Uno de los mayores aprendizajes después de una ruptura es descubrir que esa versión de ti no desapareció para siempre. Quizá hoy está cansada, triste o confundida, pero sigue dentro de ti.
No necesitas volver con esa persona para volver a sentir ilusión. No necesitas recuperar esa relación para volver a sonreír, hacer planes o sentir esperanza. Todo eso puede reconstruirse.
La diferencia es que ahora no dependerá de alguien más, sino de la relación que empieces a construir contigo.
La persona que extrañas también puedes volver a ser tú
Sanar una ruptura no significa borrar los recuerdos. Significa dejar de creer que tu mejor versión solo existía al lado de alguien más.
Con el tiempo descubrirás que puedes volver a ilusionarte, volver a sentir paz y convertirte en una versión de ti mucho más fuerte, consciente y libre que la que existía antes de esa relación.
Si hoy sientes que una ruptura te hizo perder una parte de ti, recuerda que no tienes que recorrer ese camino solo. En terapia puedes comprender tus emociones, reconstruir tu autoestima y volver a conectar contigo mismo.
Si quieres seguir aprendiendo sobre apego, rupturas, autoestima y bienestar emocional, visita psicjavier.com.
— Psic. Javier Salas Lezama
